viernes, 28 de octubre de 2011

Articulo de Periodico.


Amy Winehouse, fiel a su espíriu autodestructivo.


Amy Winehouse nació en el barrio londinense de Southgate, al norte de la ciudad. La cantante recibió la influencia musical de sus padres, una pareja aficionada al soul y al jazz. El matrimonio se separó en 1993. La vida de la cantante británica se ha caracterizado por sus problemas con las drogas y alcohol.




                                   




En 2004 Winehouse ya había grabado su primer disco, “Frank”, y gozaba de reconocimiento en el Reino Unido.








2007,su estética responde a una operación de marketing dirigida a nombrarla como reina del Soul









La degradación personal no es lo único que se puede resaltar de estas fotos. De la primera a la segunda foto hay un cambio de imagen sorprendente.  








 La cantante Amy Winehouse fue hallada el 23/07/2011 muerta en su casa Londres, a los 27 años de edad.


La cantante llegó a editar dos álbumes, Frank, editado en 2003 y Black to Black por el que alcanzó una fama internacional.
Uno de los mejores amigos de la artista, Tyler James, entregó una maqueta a un productor londinense, y gracias a este gesto Winehouse firmó su primer contrato con la discográfica Island/Universal.

En febrero de 2008 arrasó en la entrega de los premios Grammy al obtener cinco de los seis galardones a los que optaba por el segundo, y último, álbum de su carrera, Back to Black.
La cantante durante años mantuvo una tormentosa relación con con Blake Fielder-Civil, quien también tuvo severos problemas con las drogas. La expareja se conoció en el rodaje de uno de los videoclips de la artista. Fielder-Civil ingresó una temporada en prisión por agredir al dueño de un pub londinense.

Los padres de la artista declararon en varias ocasiones que estaban desesperados por los problemas de su hija con el alcohol y las drogas. La angustia de ambos llegó al extremo de que aparecieron en el canal británico afirmando que habían atado las manos a su hija para evitar su autodestrucción.


Parecía como si su final estuviese escrito de antemano. En la única biografía publicada en España sobre la cantante, Amy Winehouse. La chica mala del pop rock, escrita por Joán Sarda y editada en 2008, donde  se recuerda en el libro la existencia de una web de apuestas donde muchos dudaban si la cantante británica iba a superar los fatídicos 27 años. Alguno a lo mejor se ha hecho multimillonario con tan truculenta apuesta y, mientras tanto, a decir verdad, todo el mundo esperaba que sucediese lo que ya ha sucedido.
Este es el aliento que ha rodeado la vida de una cantante que había dejado de ser noticia por su música soul sino por  sus idas y venidas a los centros de desintoxicación y la  suspensión de cada vez más conciertos por su lamentable estado de salud.

Con su espectacular moño y sus numerosos tatuajes por el cuerpo, Winehouse es la última representante del live fast, die young, caracterizada mejor que nadie por Sid Vicious, integrante de Sex Pistols. Es decir, existencia frenética y excesiva, impulsada por el consumo de droga, en el mundo del pop-rock que acaba de forma trágica y muy temprana.
El binomio drogas-música ha alumbrado grandes obras artísticas, siendo motor creativo de muchos grupos y compositores desde la irrupción paralela del jazz y de la marihuana hasta el rock psicodélico y el LSD, pero también ha sido el detonante definitivo para el adiós de muchos, como los del Club de los 27 ( donde podemos nombrar: Kurt Cobain, Brian Jones, Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison y Cecilia)

Mil veces escuchada en la radio (y lo que queda a partir de ahora), la canción Rehab, el éxito con el que saltó a la fama mundial, era autobiográfica de Winehouse. Era el relato de la visita que la cantante realizó a un centro de desintoxicación. El "Ray" que aparece en la primera estrofa no es otro que Ray Charles, a cuyos discos acudió Amy en esa etapa dominada por la depresión causada por el abandono de su polémico marido Blake Fielder-Civil. Ray Charles pasó por la autodestrucción pero logró sobrevivir. Winehouse no ha tenido tanta suerte. O no la quiso.

Como un icono excesivo de nuestros tiempos, auspiciados por la publicidad y el sensacionalismo, Amy Winehouse queda hoy como la última célebre aniquiladora del tiempo, La cantante de Back to Black vivía mil veces más de lo que podía vivir tras resucitar supuestamente el soul para unos, ser portada de todos los tabloides, el producto más rentable de una gran discográfica y dedicarse a reconstruir a base de güisquis y cocaína un espíritu roto en pedazos.

Lejos de ser un consuelo, podrá poner en su tumba lo que pone en la inscripción griega de la placa de bronce de la lápida de Jim Morrison en el cementerio parisino de Pére Lachaise: "Fiel a su propio espíritu"


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